sábado, 23 de mayo de 2009

Estrenan "El último aplauso" en Alemania

Jorge „el chino“ García frente a su Peña.

El último aplauso recuerda al exitoso documental de Wim Wenders Buena Vista Social Club sobre un grupo de viejos músicos cubanos. No sorprende, después de todo German Kral, director de El último aplauso, llegó a Alemania en 1991 para estudiar en la Universidad Técnica de Cine de Múnich, la misma en la que Wenders rodó sus primeras películas.

La Peña del Chino, uno de los bares de tango más populares de Argentina, se encuentra en Pompeya, un remoto y peligroso distrito de Buenos Aires, un lugar que se prefiere evitar. "Recuerdo la primera noche que visité Pompeya; estaba asustado pero, en cuanto escuché a los cantantes, me enamoré inmediatamente", recuerda German Kral.

Influencia germana

Causa sorpresa enterarse de que el director argentino German Kral, nacido en Buenos Aires en 1968, descubrió su amor por el tango en Alemania. Fue aquí en donde un casete de tango despierta su pasión por el tema. Tan lejos de la patria… tal vez haya influido el hecho de que el tango es en realidad música de inmigrantes que habla de épocas pasadas, de amores perdidos y de la nostalgia.

Por recomendación de su profesora, Doris Dörrie, una de las grandes del cine alemán, Kral decidió hacer el documental en su natal Buenos Aires. En 1999, visitó por primera vez la Peña del Chino, donde Jorge "el chino" García, el dueño de 70 años, le explica la esencia del verdadero tango que no requiere de micrófonos ni escenarios, simplemente de pasión.

Su bar venido a menos, de paredes amarillentas por el humo de incontables cigarros, tapizado por fotografías y dibujos de similar color sepia, despierta una atracción mágica. Aquí cantan Julio, quien a los 58 años comparte una vivienda de dos vistas con su madre, Walter, de 70, emigrante que abandonó su natal Italia después de la Segunda Guerra Mundial para asentarse en Buenos Aires, e Inés, de 81 años, quien canta desde hace 26 cada fin de semana en la Peña del Chino.

El mítico reducto tanguero cierra sus puertas a mediados de 2001 por la muerte de su fundador. Pocos meses después, hacia finales de año, Argentina es golpeada por la crisis económica más profunda de su historia. Junto con el bar, los viejos cantantes pierden su escenario, su trabajo y sus sueños.

Un nuevo comienzo

El colapso los hace reflexionar sobre su propia vida. Julio se cuestiona por qué jamás contrajo matrimonio. Cristina busca sostén en una urna en su mesa de noche. Horacio ha perdido todo y debe desalojar su casa. Algunos de los cantantes que frecuentaban la Peña del Chino mueren, otros simplemente desaparecen. Pero tres de ellos siguen adelante impulsados por la pasión al tango. Estos, ya olvidados, vuelven a unirse junto a una de las orquestas jóvenes más talentosas de Buenos Aires, la Orquesta Típica Imperial, y realizan su sueño: dar un gran concierto y recibir, quizá por última vez, el caluroso aplauso del público.

"Pude observar la alegría de los viejos cantantes al poder volver al escenario. Estaban tan contentos, revivieron. Inés, por ejemplo, parecía rejuvenecida. Para mí fue una alegría enorme", cuenta el director German Kral.

El último aplauso es una mezcla de película musical y semblanza generacional caracterizada por la tradicional lucha por la sobrevivencia, aún cuando hacia el final el documental resulta un tanto escenificado.

Bernd Sobolia/ Claudia Herrera Pahl

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